jueves, 21 de octubre de 2004

The Things We do for Love

Discutiendo anoche con un conocido cibernético, sobre un caso particular (el suyo), lo confrontaba con la posibilidad de que su relación hubiese llegado a su fin.

A muchos nos pasa, que llegado éste momento, nos negamos a enfrentar la realidad de que todo se acabó y decidimos insistir e insistir e insistir, hasta el punto en el que no hay marcha atrás y el daño es tan grande, que los restos de la relación pueden servir para hacer un scrub facial.

Nos cuesta dejar ir al otro. Y lógicamente, lo justificamos todo en nombre del amor inconmensurable que sentimos.

A cambiar el discurso, ya que no hay tal. La mayor parte de las veces, es fruto de nuestro capricho y nuestra errónea concepción de que las cosas deben ser cómo uno dice , y cuándo uno dice, en la ciega creencia que podemos cambiar todo, incluso los sentimientos del otro. Y no es cierto, nada más alejado de la verdad.

A mi me pasó con JJBO. Una relación que iba bien, demasiado bien, durante los primeros dos meses y de repente, de la noche a la mañana había cambiado tanto, como una aspirante al Miss Venezuela después de las cirugías plásticas. Es lógico (humano) que uno se pregunte qué es lo que está pasando y que quiera salvar la relación a costa de lo que sea. Yo me lo pregunté y se lo pregunté a JJBO muchas veces. Y también me ofusqué bastante al no poder entender qué pasaba. Sí JJBO me leyera ahora, estaría pensando "maldita, dejá la bobaba ,me querés destruir, pues".

Pero-aquí viene el pero-una relación es una cosa de dos. Uno sólo no puede arreglar las cosas, o cambiar las cosas si el otro no quiere. Y es esta parte es la que nos cuesta entender, bien sea por que nos sentimos culpables o por que nos pensamos omnipotenetes (que a la larga vendría siendo lo mismo).

Así como se necesitan dos para bailar tango (tres, en algunos casos) se necesitan dos que quieran arreglar una relación rota. De lo contrario no va a funcionar.

Cuando uno no puede decir (y el otro no puede afrontar) que una relación se terminó, es que empieza el holocausto y el derramamaiento inmisericorde de sangre, en inigualable analogía a los primeros 25 minutos de "Saving Private Ryan". Y ahí es donde generalmente, no hay vuelta atrás.

Como decía la canción de la desaparecida Selena y Alvaro Torres (que además, añade un toque autóctono , por no mencionar lo homosexual, a nuestra entrega de hoy) :"... vale más un buen amigo, que un mal amor"; de la misma manera que vale más un buen divorcio , que una mala relación.

Y aunque separarse es doloroso, cuando las cosas no se pueden sostener, lo mejor es que dejemos ir. Ahorramos mucho y ganamos más, a la larga. Y creánme cuando les digo, que generalmente, hay algo mejor esperando a la vuelta de la esquina.

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